Nos desviamos por la Quebrada de Arhuaycocha para ir al campo base del Alpamayo. Poder observar el Alpamayo, considerada una de las montañas más bellas, era una de las cosas que más ilusión me hacía del trekking. Aunque la cara que íbamos a ver no es la más famosa.
A medida que íbamos ascendiendo podíamos divisar más nevados: hacia el oeste podíamos ver el nevado Quitaraju (6.040 m) y al norte el Alpamayo (5.947 m). Mirando al sur estaban el Artesononraju (6.025) y el Nevado Paria.
Terminamos la subida en la laguna de Arhuaycocha, desde donde se observa perfectamente el glaciar de Alpamayo y se intuía la cumbre, dado que el cielo estaba parcialmente nublado. Sólo pudimos ver la cima del Alpamayo durante unos breves instante, que aprovechamos para tomar fotos. Las vistas de entorno formado por la laguna, los glaciares y el Alpamayo eran absolutamente espectaculares, de esas que no se olvidan.
Volvimos sobre nuestros pasos e intentando perder el mínimo desnivel posible y nos dirigimos a Taullipampa (4.250), que sería nuestro siguiente campamento.
A pesar que había sido una jornada dura, esa noche nuestro guía Saúl nos enseño un juego de cartas y pasamos un rato divertido antes de ir a dormir. Por la noche en los momentos que el cielo estaba despejado, se sentía un frío intenso; se notaba la altura y que estábamos a los pies del glaciar de Taulliraju.
Desayunando para que no fallen las fuerzas:



















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