
Con el tiempo amenazando a tormenta, Jesús, Cele y yo nos encaminamos una vez más por el valle de Estós, verde y frondoso como nunca. En esta ocasión no pudimos ver el imponente Perdiguero pues las nubes nos lo tapaban. Disfrutamos del paseo por el hayedo y del trago de agua fresca en la Fuen de Coronas. Continuamos hasta llegar al desvío con la senda que lleva refugio de Estós. Ahí se acaba lo suave y comienza la subida hasta el Ibonet. Una vez en el Ibonet desayunamos y seguimos subiendo hacia el Ibón de Batisielles, acompañados de un joven pescador y su padre.
Cuando llegamos al Ibón de Batisielles nos paramos un rato a secarnos el sudor, pues es una buena subida, y a recrearnos con las vistas y el entorno, ¡que más se puede pedir para un sábado!. Mientras el chaval pescó una trucha.
Del Ibón de Batisielles bajamos al de la Escarpinosa, otro lugar tremendamente pintoresco: el ibón, la pequeña península con el pino, la cascada que baja del Ibón de Perramó y al fondo la aguja del mismo nombre. Habíamos pensado en ir al refugio de Estós desde el Ibonet pero presentíamos la tormenta cada vez más cerca y continuamos hacia abajo.
Efectivamente, al poco de llegar al fondo del valle comenzó a caer un chaparrón que en unos pocos minutos nos dejó chupidos. Al poco aminoró, pero ya estábamos mojados y continuamos así hasta llegar al coche.
Finalizamos la excursión en un bar de Benasque templando el cuerpo con cafés e infusiones.
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