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domingo, octubre 04, 2009

Alftavatn-Emstrur

Etapa 3: Alftavatn-Emstrur

Tercera jornada del trekking: de Alftavatn a Emstrur, bajo una lluvia de mil demonios.

Ese día sentimos sobre nuestros cuerpos toda la furia de la climatología islandesa. Durante toda la jornada tuvimos que soportar una lluvia y un viento bastante fuertes. Lo peor era a la hora de cruzar los ríos (un par de ellos a lo largo de la jornada). En esos momentos teníamos que descalzarnos, ponernos las chanclas, remangarnos los pantalones, cruzar las gélidas aguas del río y volvernos a calzar de nuevo con los dedos torpes debido al frío.

Luego en el refugio alguien nos dijo que en días como esos es más fácil cruzar los ríos, ya que estos ríos se alimentan de la fusión de los glaciares y cuando hace mal tiempo bajan con menos caudal. Así que no hay mal que por bien no venga.

Por lo que puede entrever bajo la capucha, ese día cruzamos un desierto de arena negra rodeado por montañas completamente cubiertas de musgo tan verde que parecía fosforescente.

Cuando llegamos al refugio, pocas veces un lugar me había aparecido tan acogedor. Nos costó un poco acomodarnos ya que como buenos españoles fuimos el último grupo en llegar y el recibidor-secadero estaba un poco colapsado. Además de la ropa de la gente del refugio, había algunos excursionistas del camping, a los que acogimos para que los pobres se secaran un poco.

Pusimos la ropa a secar, comimos y pasamos la tarde entretenidos con los compañeros de refugio. Estábamos unas 20 personas de diferentes nacionalidades y el ambiente era estupendo.





Hrafntinnusker-Alftavatn

Etapa 2: Hrafntinnusker-Alftavatn

Segunda jornada del trekking: de Hrafntinnusker a Alftavatn, y de paso subiendo a un par de cimas.

El día siguiente apareció bueno, parecía que no nos íbamos a mojar, o al menos que no nos íbamos a mojar demasiado.

Seguimos avanzando por un terreno bastante llano formando por tierra negra de origen volcánico y rodeado por colinas de vistosos de colores. De vez en cuando veíamos fumarolas y percibíamos el característico olor del azufre.

Más o menos a mitad de camino, subimos una pequeña montaña. Desde su cima las vistas eran espectaculares. Hacia atrás veíamos el terreno por el que habíamos venido: tierra negra y montañas de colores. Hacia delante adivinamos los paisajes que nos esperaban: montañas completamente cubiertas de musgo y un precioso y enorme lago. Hacia el este teníamos un glaciar, pequeño comparado con otro que se veía más lejos.

Continuamos a avanzando y llegamos a un lugar con unas de las vistas más espectaculares de todo el trekking. En este punto se cortaba bruscamente la meseta por la que habíamos avanzado hasta el momento y en frente nuestro veíamos un gran lago rodeado de varios conos volcánicos prácticamente cubiertos de musgo. Parecía irreal. Todos coincidimos en que parecía una vista propia de parque jurásico y que no nos extrañaría ver pájaros prehistóricos surcando el horizonte.

Al este veíamos un glaciar que cubría las montañas y que no estaba confinado dentro de una cubeta como los que se ven en España. Era el Myrdalsjökull. Luego nos enteramos que bajo este glaciar hay un volcán, el Katla, cuya erupción se prevé en un año de estos. Además de los peligros propios de la erupción (gases venenosos, lava y todo eso), existe un peligro adicional que es la inundación que se produciría como consecuencia de la fusión del glaciar. En varios refugios había carteles explicativos de cómo hay que actual en caso de erupción del Katla y para donde hay que correr. ¡Mejor no tenerlo que poner en práctica!

Comimos nuestra lata de sardinas contemplando esta hermosa panorámica. Tras ello descendimos la meseta y nos encaminamos al refugio. Justo cuando llegábamos nos cayeron cuatro gotas pero no fue nada. Algunos aprovechamos para subir a un pico cercano al refugio, desde donde pudimos observar mejor el Myrdalsjökull y el Eyjafjallajökull. Unos días después cruzaríamos entre los dos glaciares.